la incomodidad necesaria en la Seguridad y Salud en el Trabajo en Venezuela
Cada 28 de abril se repite el ritual: afiches coloridos, mensajes institucionales, charlas improvisadas, fotos en redes sociales y una avalancha de frases hechas sobre “la importancia de la prevención”. Pero detrás de esa liturgia anual hay una verdad incómoda: el Día Internacional de la Seguridad y Salud en el Trabajo se ha convertido, en muchos espacios, en un acto de hipocresía colectiva y esto no solo pasa en Venezuela.
Y sí, lo digo con todas sus letras: hipocresía. Porque en Venezuela —y en buena parte del mundo— el 28 de abril, no honra a los trabajadores ni impulsa la prevención. Más bien maquilla la negligencia, la improvisación y la desconexión entre el discurso y la realidad, y esa es la dura realidad, hay que ir mas alla de la estupida pausa activa que no sirve para nada.
Este artículo no busca destruir la fecha. Busca algo más difícil: cuestionar por qué seguimos celebrándola sin haber hecho el trabajo que la justifica.
1. La prevención no se celebra: se practica
El 28 de abril se ha convertido en un “día de fotos”. Un día donde empresas que no han hecho una inspección en meses publican mensajes sobre “cultura preventiva”. Un día donde gerentes que jamás han pisado un área operativa se toman selfies con cascos nuevos. Un día donde prevencionistas que no han logrado que se cumpla ni el 20% de su plan anual dictan una charla de 20 minutos para “cumplir”.
La prevención real no cabe en un calendario. La prevención se demuestra en:
- equipos de protección entregados a tiempo, no solo el día de la foto
- comités funcionando, no comités firmando actas vacías
- investigaciones serias, no informes maquillados
- formación continua, no charlas improvisadas
- presupuesto, no discursos
Si nada de eso existe, ¿qué estamos celebrando?
2. La hipocresía institucional: cuando el discurso supera a la realidad
En Venezuela, la brecha entre lo que se dice y lo que se hace en SST es gigantesca.
Ejemplos sobran:
- Empresas que “conmemoran” el 28 de abril mientras tienen extintores vencidos desde hace años.
- Organizaciones que publican mensajes sobre “cero accidentes” mientras ocultan incidentes para no “manchar indicadores”.
- Instituciones que organizan foros y congresos mientras sus propios trabajadores no tienen agua potable, ventilación adecuada o sillas ergonómicas.
- Gerencias que hablan de “cultura preventiva” mientras regatean el presupuesto para un par de guantes.
El 28 de abril se ha convertido en un espejo roto: refleja lo que queremos parecer, no lo que realmente somos.
3. La hipocresía del prevencionista: una autocrítica necesaria
Aquí es donde duele. Porque no solo las empresas fallan: NOSOTROS, los prevencionistas, también hemos contribuido a esta farsa.
¿Cómo?
- Aceptando roles sin autoridad real.
- Firmando documentos que sabemos que no se cumplen.
- Normalizando la falta de recursos.
- Callando para “no buscar problemas”.
- Convirtiendo la prevención en un trámite, no en una convicción.
- Celebrando el 28 de abril mientras no exigimos lo que hace falta el resto del año.
Muchos prevencionistas están agotados, subpagados y sin apoyo. Eso es real. Pero también es real que hemos permitido que la fecha se convierta en un acto simbólico vacío.
4. En Venezuela, el 28 de abril no refleja la realidad del trabajador
¿Cómo celebrar un día de la seguridad y salud en el trabajo cuando:
- miles de trabajadores laboran sin EPP porque “no hay presupuesto”?
- la electricidad falla, los equipos se dañan y los riesgos aumentan?
- el transporte es inseguro y forma parte del riesgo laboral diario?
- los salarios no permiten una alimentación adecuada, afectando la salud?
- los servicios básicos fallan y afectan la higiene, la ergonomía y la seguridad?
- los accidentes se ocultan para evitar sanciones o “problemas”?
El 28 de abril debería ser un día de duelo, reflexión y compromiso, no de celebración.
5. Entonces, ¿por qué NO conmemorar el 28 de abril?
Porque no se celebra lo que no existe. Porque no se aplaude lo que no se ha logrado. Porque no se maquilla la deuda histórica con los trabajadores. Porque no se convierte la prevención en un acto simbólico.
No conmemorar el 28 de abril no es un acto de rebeldía vacía. Es un acto de honestidad profesional.
6. ¿Qué hacer en lugar de celebrar?
Tres acciones simples, pero profundas:
1. Convertir el 28 de abril en un día de auditoría interna brutalmente honesta
No fotos. No charlas. No afiches. Solo una pregunta: ¿Qué estamos haciendo mal y cómo lo corregimos?
2. Publicar compromisos reales, medibles y verificables
No frases motivacionales. Compromisos con fecha, responsables y presupuesto.
3. Escuchar al trabajador
No al gerente. No al consultor. No al prevencionista. Al trabajador. Él sabe exactamente dónde está el riesgo.
Conclusión: el 28 de abril no se celebra, se confronta
Si algún día Venezuela logra construir una cultura preventiva real, entonces sí, celebremos. Pero hoy, con la realidad que vivimos, conmemorar el 28 de abril es participar en una ficción y ser un hipocrita.
La prevención no necesita un día. Necesita coherencia. Necesita valentía. Necesita verdad.
Y la verdad —aunque duela— es el primer paso para cambiar.



Deja un comentario