El terremoto del 24 de junio de 2026 no solo remeció edificaciones, calles y sistemas eléctricos: sacudió, de manera brutal, la narrativa oficial sobre la “prevención” en Venezuela. Lo que quedó expuesto —sin maquillaje, sin propaganda, sin excusas— fue un sistema preventivo colapsado, dirigido por estructuras militares sin formación técnica, acompañado por un ecosistema de influencers y “prevencionistas” que reducen la tragedia a un escenario fotográfico.
Pero vamos a la cronica de una muerte anunciada:
1. La prevención en Venezuela: un sistema diseñado para fallar
La prevención en el país lleva años convertida en un aparato burocrático y militarizado, donde la toma de decisiones está en manos de personas sin competencias en gestión de riesgos, ingeniería, salud ocupacional o protección civil. Esto genera tres efectos inmediatos:
- Ausencia de criterios técnicos en la planificación de emergencias.
- Prioridad política sobre la seguridad ciudadana.
- Desprofesionalización de los organismos responsables.
Mientras países como Chile o México —con sismos frecuentes— han construido sistemas basados en ciencia, simulaciones, protocolos y formación continua, Venezuela opera con improvisación, órdenes verticales y una cultura de “resolver” en vez de prevenir.
Analicen los casos pateticos de FUNVISIS SENCAMER y PROTECCION CIVIL…
2. El terremoto como evidencia: fallas visibles y medibles
2.1. Infraestructura sin evaluación previa
Edificios públicos y privados mostraron daños que ya habían sido advertidos por ingenieros independientes. Sin embargo, los entes estatales ignoraron estos reportes porque no provenían de “canales oficiales”. Mientras tanto las alcaldías siguen cobrando por cualquier sinverguenzura.
2.2. Ausencia de rutas de evacuación funcionales
En Caracas y la Guaira, miles de personas evacuaron a ciegas. No existían señalizaciones, puntos de encuentro, ni coordinación comunitaria. En muchos casos, los propios vecinos organizaron la evacuación. Se olvidaron los protocolos que por enseñar una historia politizada ya no se enseñan en colegios y liceos.
2.3. Comunicaciones colapsadas
Los organismos oficiales tardaron horas en emitir información coherente. La cadena de mando militarizada demostró ser lenta, rígida y desconectada de la realidad operativa.
2.4. Respuesta tardía y desordenada
Mientras en otros países la primera hora es crítica, en Venezuela la respuesta se activó tarde, sin equipos suficientes y sin protocolos unificados. No hemos aprendido nada, y no se aceptan los errores cometidos.
3. Comparaciones necesarias: ¿qué hacen otros países que Venezuela no hace?
- Chile: simulacros obligatorios, protocolos claros, formación técnica certificada, sistemas de alerta temprana.
- Costa Rica: gestión de riesgos basada en ciencia, participación comunitaria, transparencia en datos.
- México: cultura sísmica integrada en la educación, brigadas entrenadas, comunicación inmediata y descentralizada.
En Venezuela, en cambio, la prevención se ha convertido en un discurso, no en una práctica. Los organismos estatales priorizan actos protocolares, la burocracia, uniformes, desfiles y ruedas de prensa, pero no evaluaciones estructurales, planes comunitarios, simulaciones reales ni formación técnica continua. QUE HOY EN VENEZUELA NO EXISTE.
4. El rol de los “prevencionistas de pacotilla” y la necrofilia digital
El terremoto también reveló un fenómeno preocupante: la necrofilia mediática de ciertos influencers y supuestos “expertos en prevención”.
En lugar de apoyar, organizar, orientar o colaborar, muchos se dedicaron a:
- Tomarse fotos en zonas afectadas.
- Grabar videos “heroicos” sin aportar nada.
- Difundir información falsa para ganar seguidores.
- Usar la tragedia como escenario de autopromoción.
Este comportamiento no solo es antiético: entorpece la respuesta real, genera pánico y desplaza la atención de los profesionales que sí están capacitados para afrontar este tipo de situaciones.
5. La militarización de la prevención: un error estructural
La conducción de organismos de prevención por parte de militares sin formación técnica ha producido:
- Protocolos basados en jerarquía, no en ciencia.
- Decisiones tomadas por “orden superior”, no por análisis de riesgo.
- Desconexión con comunidades y especialistas civiles (que siempre tienen mas experiencia y entrenamiento en esta y otras areas).
- Falta de auditorías independientes.
- Cultura de opacidad, donde los datos se ocultan para evitar “alarmar” o asustar.
La prevención no es un acto de autoridad: es un sistema técnico, interdisciplinario y comunitario. Militarizarla es como poner a dirigir un hospital a alguien que nunca ha estudiado medicina (algo comun en Venezuela).
6. ¿Qué debería cambiar?
Aquí se plantean rutas concretas que Venezuela podría adoptar:
- Desmilitarizar la gestión de riesgos y devolverla a profesionales certificados.
- Crear un sistema nacional de formación técnica obligatoria para todos los funcionarios.
- Implementar auditorías estructurales independientes en edificios públicos y privados.
- Establecer protocolos de comunicación inmediata y descentralizada.
- Regular y sancionar la desinformación y el oportunismo mediático en tragedias.
- Integrar a las comunidades en la planificación preventiva, como hacen países con sistemas exitosos.
7. El terremoto no fue la tragedia; la tragedia es el sistema
El sismo del 24 de junio de 2026 fue un evento natural. El desastre, en cambio, fue social, institucional y preventivo.
La verdadera catástrofe no fue el movimiento de tierra, sino la incapacidad del Estado para proteger a su población, la ausencia de profesionales en puestos clave, y la banalización de la tragedia por parte de oportunistas digitales.
Si Venezuela no transforma su sistema preventivo desde la raíz, el próximo evento —sea sismo, deslave, incendio o inundación— volverá a encontrar al país igual de vulnerable.
Ahora tu que eres prevencionista saca tus conclusiones y ubicate en el lado que mas beneficie a Venezuela.
Mil gracias a todos los países y PROFESIONALES DE LA PREVENCION que vinieron a ayudarnos en este evento tan catastrofico

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